Javier Farje
BBC Mundo
El futuro político Oposición a Mugabe "podría retirarse" ...
Zimbabue: violencia pre-electoral ... de Zimbabue podría quedar sellado este fin de semana en Johannesburgo durante una cumbre de la Comunidad de Desarrollo de África Austral (SADC, por sus siglas en inglés).
Líderes de 14 países del sur del continente intentarán que el presidente zimbabuense, Robert Mugabe acuerde compartir el poder con el jefe del opositor Movimiento para el Cambio Democrático (MDC), Morgan Tsvangirai.
Ambos se encuentran ya en la capital de Sudáfrica, donde mantuvieron conversaciones con el anfitrión, el presidente Thabo Mbeki, quien encabeza las negociaciones de mediación entre las partes.
"Esta cumbre nos ofrece la posibilidad de ayudar a los partidos de Zimbabue para que juntos puedan lograr sanas las heridas y la reconciliación", dijo Mbeki.
Que ganen todos
La idea del sudafricano ha sido siempre buscar una solución en la que todos ganasen, sobre todo Zimbabue.
"Estoy seguro de que los millones de zimbabuenses tanto fuera como dentro del país esperan con grandes expectativas y altas esperanzas un resultado positivo de nuestras deliberaciones", dijo Mbeki este sábado.
Pero tanto el presidente Robert Mugabe, como el líder de la oposición, Morgan Tsvangirai, claman victoria.
Tsvangirai dice que ganó la primera vuelta de las elecciones generales, Mugabe reclama la segunda.
La intransigencia de dos líderes que convirtieron la rivalidad política en lucha de bandos, hacía imposible cualquier atisbo de negociación.
Diálogo
Pero ante la sorpresa de todos, Mugabe y Tsvangirai decidieron en julio, reunirse y buscar una solución política a una situación que se estaba deliberando a balazos en el campo o los barrios pobres de ciudades, como Harare o Bulawayo.
El 21 de julio, Mugabe, que había prometido que jamás dejaría que la oposición gobernara, y Tsvangirai, que dijo que no reconocía a su rival como presidente, se dieron la mano y firmaron un acuerdo destinado a propiciar el diálogo.
Los dos enemigos se dieron la mano, mostraron una sonrisa de dentífrico, pero evitaron una mayor cercanía física, en un lenguaje corporal lleno de dudas e interrogantes.
La prioridad inmediata fue detener una violencia en la que, a todas luces, los muertos los estaba poniendo la oposición del Movimiento por el Cambio Democrático (MDC siglas en inglés).
Luego de negociaciones que se realizaron hasta altas horas de la madrugada, el 6 de agosto hicieron un pedido conjunto y público de paz.
Paz
El comunicado pedía a los seguidores del partido de gobierno, el ZANU-PF y del MDC que "detengan y desisten de perpetrar la violencia en todas sus formas".
Esa misma semana se había cumplido el plazo de dos semanas que los mediadores sudafricanos, dirigidos por su presidente, Thabo Mbeki, se habían fijado para el logro de un acuerdo de co-gobierno, sin que hubiera resultado alguno.
Las agendas que ambas partes llevaron a la negociaciones no podían ser más difíciles de conciliar.
El MDC ha estado proponiendo la renuncia de Mugabe, la formación de una "autoridad de transición" y la convocatoria de elecciones generales.
ZANU-PF quiere que la presidencia de Mugabe sea reconocida, que el MDC tenga algunos mnisterios en el gabinete, que la comunidad internacional suspenda las sanciones al gobierno y que ayude a la reconstrucción económica del país.
En todo caso, el MDC ha venido adoptando, conforma pasan los días, una actitud más conciliadora, al punto de aceptar la presidencia de Mugabe, pero con limitaciones.
Morgan Tsvangirai quiere que Mugabe se convierta en un mandatario con poderes limitados, casi protocolares.
Como posible primer ministro, Tsvangirai tendría las riendas del gobierno.
Ahora, el elemento clave de las negociaciones es la cuota de poder a la que el presidente Robert Mugabe está dispuesto a renunciar.
Cualquier gobierno que emerja de las negociaciones tendrá que tomar en cuenta, en todo caso, la realidad política, social y económica del país.
Crisis
En lo político, el MDC tiene mayoría en el parlamento, mientras que el ZANU-PF controla, no solo el aparato del estado, sino también a las fuerzas armadas, que fueron cruciales en la campaña para la reelección de Mugabe.
En lo social, la violencia política ejercida por los seguidores del partido de gobierno ha ahondado aún más las profundas divisiones que existen en la sociedad.
Y en lo económico, Zimbabue un país de multimillonarios pobres.
La inflación ha llegado a 2.2000, 000% y los billetes de la moneda local, el dólar zimbabuense, parecen no darse abasto para la cantidad de ceros que imprime el Banco Central en ellos.
Los precios en los pocos supermercados que aún tienen algo que poner en sus estantes cambian del momento en que uno entra a la tienda hasta el momento en que uno se dirije al cajero a pagar.
Miles de pobres y desempleados dependen de la ayuda humanitaria y el exilio laboral en Sudáfrica o Zambia, y las prósperas haciendas de dueños blancos, que fueron expropiadas, ya han dejado de producir alimentos.
El presidente de Sudáfrica, Thabo Mbeki, encargado por la Comunidad para el Desarrollo del Sur de Africa (SADC siglas en inglés) para que actúe de mediador, ha sido criticado en el pasado por no actuar con mayor firmeza con Mugabe.
Pero él ha insistido en que sus gestiones diplomáticas prometen más resultados que la condena puntual y retórica.
El acuerdo para detener la violencia fue considerado como un triunfo para las gestiones de Mbeki.
Pero la responsabilidad final recae, en todo caso, en los protagonistas de un drama en el que absolutamente todos han perdido.
(BBC)
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